¿Cómo puede quedar el panorama económico debido al coronavirus a corto plazo?
El impacto más fuerte puede producirse en el empleo, a los que están en el paro les será más difícil encontrar trabajo (excepto gente bien preparada y con ganas de trabajar), los que tienen empleos temporales tendrán más difícil encontrar otros, y los que tienen empleos fijos en las empresas más afectadas por el coronavirus, que pueden acabar cerrando a pesar de las inyecciones de dinero público, también pueden quedarse sin empleo. Las empresas que no estén vinculadas a sectores con futuro (salud, medio ambiente, nuevas tecnologías, internet, etc.) es posible que ajusten plantillas y salarios para adaptarse al nuevo entorno en función de los efectos en la demanda causados por el coronavirus. Esto puede provocar que el consumo privado se reduzca, ya que si los consumidores tienen menos dinero y además el futuro es incierto, consumen menos y focalizan su consumo en las cosas esenciales y miran de comprar al menor precio posible.
El turismo extranjero y sobretodo el europeo posiblemente caerá. El turismo nacional también podría tener tendencia a disminuir (menos días y buscando los mejores precios).
Las exportaciones podrían ser más difíciles tanto en volumen como en precio ya que podría haber menos demanda sobretodo en Europa. Además, podría haber más tendencia a políticas proteccionistas que dificulten las exportaciones fuera de Europa.
Las inversiones por parte de las empresas, excepto en sectores con futuro o empresas excelentes, posiblemente se reducirán o demorarán lo cual dañará a la economía a corto plazo y también a largo plazo porque esas empresas que no se modernizan a tiempo acaban haciéndose pequeñas o desaparecen de forma que se pierde una fuente de generación de riqueza.
El consumo y la inversión pública después del esfuerzo del coronavirus (que es un gasto puro y no una inversión que haga más competitivo al país) tenderá a reducirse ya que habrá mucha deuda y mucho más gasto en sanidad, desempleo, ayudas sociales, intereses de la deuda, avales prestados, etc. Sólo el Banco Central Europeo o algún organismo europeo estará dispuesto a comprar deuda sin una importante prima de riesgo. Puede que la evolución de la deuda pública aumente mucho más en los países del sur (en los cuales de momento el coronavirus tiene consecuencias más importantes y ya eran países que estaban al límite de endeudamiento) que en los países del norte y esto haga más difícil una solución europea al incremento de deuda y puede conllevar un aumento de la prima de riesgo a los países más endeudados entre ellos España e Italia.
Asimismo, este malestar económico y social puede favorecer un entorno político nacional e internacional muy complicado que puede provocar más inestabilidad política, económica y social (ya hemos visto qué pasó con la crisis del 2008). Si hasta ahora estábamos en un entorno VUCA (volatility, uncertainty, complexity, ambiguity), a partir de ahora todavía será más VUCA. Esto hace el futuro menos fácil y confortable pero a la vez más interesante y con más retos y oportunidades debido a los cambios constantes e imprevisibles.
En principio según los expertos en economía cada semana de confinamiento puede suponer una reducción de un 1% en el PIB español del 2020. En 2021 dependiendo de la duración del confinamiento en España y en el resto del mundo (sobretodo Europa) el PIB español y europeo podría volver a crecer. Más allá del 2021 hay muchas variables que pueden afectar y es difícil hacer pronósticos, lo más lógico sería que la economía crezca si por parte de los políticos y las empresas se hacen las cosas medianamente bien de forma que haya una cierta estabilidad política, económica y social.
La política monetaria y fiscal que se está aplicado en Europa y Estado Unidos es como si a un enfermo le hacen un tratamiento que de momento le cura pero le deja más débil de forma que en el futuro tiene más probabilidades de enfermar rápidamente y curarlo será más difícil porque el tratamiento hará menos efecto. Esto se puede paliar si al paciente después de esta enfermedad se le receta un medicamento y un estilo de vida que refuerce su sistema inmunológico de forma que lo haga más fuerte frente a posibles enfermedades futuras.
El efecto del coronavirus en las empresas dependerá del sector en el que estén, el tamaño de la empresa, la situación financiera y competitiva anterior, y el acierto en la reacción a corto plazo ante este nuevo entorno más complejo e incierto. Según los expertos a corto plazo lo mejor es tomar decisiones que no dañen el corazón del negocio, no precipitarse. Tomar todas las medidas necesarias a corto plazo para preservar la salud de los empleados, diseñar una nueva forma de trabajo efectiva, asegurar el servicio por parte de los proveedores, cuidar a los clientes, planificar la liquidez de la empresa y mantener una buena relación con las personas clave de la empresa. Se necesitará mejor gestión y más liderazgo que nunca. A medida de cómo evolucione el entorno, habrá que ir actuando para adaptarse lo mejor posible pero siempre pensando en los empleados y los clientes. Seguramente, habrá que rediseñar la empresa para hacerla más flexible y competitiva.
Es como si una empresa fuese un barco romano con velas y remos que transporta una mercancía perecedera. De repente ya no hay viento (la economía no crece o decrece) y por lo tanto las velas ya no sirven para avanzar, entonces sólo se puede avanzar remando. Pero además resulta que el barco tiene que llevar más carga para que le salgan las cuentas positivas (más gastos, más impuestos, menos márgenes, más competidores agresivos, etc.). Ante esta situación para avanzar los remeros (la plantilla) tendrán que remar más, pero que no sea a base de latigazos, mejor con una técnica más eficiente (formación, empowerment, motivación, propósito, trabajo en equipo, métodos más efectivos, etc.). También habrá que mejorar el diseño del barco (invertir en maquinaria, marketing, investigación, innovación, etc.) para que navegue mejor (ser más competitivo). En la mejora del diseño del barco también hay que pensar en mejorar las velas para cuando vuelva a soplar el viento. Finalmente, el rumbo (la estrategia) tiene que ser siempre el más adecuado de forma que la toma de decisiones deberá ser rápida y acertada porque habrá poco margen de error para llegar a buen puerto (clientes) con la mercancía en buen estado (productos y servicios competitivos).
El coronavirus nos debería servir para hacer reflexiones que nos ayuden a mejorar a nivel profesional y personal. Teniendo en cuenta la realidad del nuevo entorno económico, debemos ser proactivos y actuar de forma adecuada para afrontar mejor el futuro. Hay muchas cosas positivas que se pueden hacer. El futuro no depende sólo de las circunstancias externas sino sobretodo de la actitud y reacción frente a ellas.